El Ciclo Barroco (II)
Los ocho libros narran varias historias que transcurren de forma paralela, en las que se mezclan personajes imaginarios con históricos como Newton, Leibniz, Hooke, y otros, de forma que las aventuras de los personajes se narran junto con las hazañas de los padres de la ciencia, la política y la economía moderna.
Tanto el estilo como las historias y el marco general del libro cambian bastante a lo largo de toda la obra. Los primeros libros, que forman Azogue, cuentan diferentes historias independientes, relativamente cortas, pequeñas aventuras de los personajes. Además, el autor se recrea en un estilo barroco y original, mezclando diferentes estilos en la escritura, con capítulos escritos como obras de teatro o musicales. En La Confusión el estilo se vuelve más literario y las historias ya se convierten en una odisea con un hilo claro y (más o menos) definido. Stephenson sigue dando grandes saltos en el tiempo entre los capítulos, lo que obliga a contar la historia en plan Memento: comienza un capítulo en una situación completamente diferente, y en algún momento hace un flashback para contar lo que ocurrió desde el último capítulo. Por último, en El Sistema Del Mundo, las diferentes historias se unen en una sola, lo que hace que el estilo sea un poco más llevadero y novelesco. Es en este último libro donde no cuesta nada catalogar a la obra como ciencia ficción, lo que no me parece del todo apropiado para los cinco primeros volúmenes.
¿Qué encontramos en esas historias? Pues muchas cosas. Tenemos la historia de Daniel Waterhouse, fundador del actual MIT, creando el primer ordenador a partir del diseño de Leibniz, quien se halla en plena disputa con Newton sobre el origen del cálculo, quien, además de enfrentarse a un juicio por Alta Traición, se encuentra en la búsqueda del Oro Salomónico, robado por Jack Mediapicha Shaftoe, un vagabundo que intenta destruir el sistema económico de toda Inglaterra por orden de Luis XIV mientras intenta recuperar el amor de Eliza, una esclava de un harén a quien consigue salvar en el Asedio de Viena y cuyo sentido para los negocios la llevará a codearse con las principales figuras de la política de la época para amasar fortunas, financiar interminables guerras y crear un nuevo Sistema Del Mundo mientras actúa como agente doble para Guillermo de Orange cifrando información de forma bastante original. Batallas, robos, traiciones, influencias, negocios, risas, parábolas, gravedad, planetas, estrellas y derivadas son buenos ingredientes para una macronovela.
Es un poco complicado hablar del Ciclo Barroco sin hacer referencia a Criptonomicón. Los personajes del primero resultan ser los antepasados de los del segundo, y no solo les dejan como herencia un apellido sino también una personalidad. Así que si lees ambos libros, verás que, en ocasiones, algunos personajes son básicamente los mismos. Eso si, las formas en El Ciclo Barroco son un poco más relajadas que en el Criptonomicón, lo que puede echarse de menos si te gusta el estilo gamberro y cínico del Criptonomicón.
He visto alguna crítica sobre el final de estos dos libros de Stephenson. No voy a comentarlos por si los quieres leer, pero solo diré que me parecen finales muy apropiados. Y no te líes, la palabra “órbita” es comprensible por un colectivo mayor que el de doctorados en astrofísica.
En fin, si quieres pasar un tiempo largo leyendo una obra épica, divertida, entretenida, interesante y original, haz hueco en la estantería.